lunes, 26 de julio de 2010

Fragmento "Guía de pecadores" - por Eduardo Gudiño Kieffer

Pensar en infinitivo. Verbo en estado puro. Sin expresar nunca pero lo que se dice nunca números ni personas ni tiempos determinados. Ser. Estar en el aire, en la nada, en el vacío, en la eternidad. Incorpóreos. Infinitamente infinitos. Infinitamente infinitivos. Pero no, imposible. Infinitivo morir aún en boca de inocentes.

Imposible. Imposible. Imposible. Tres veces imposible: infinitivo no durar, infinitivo huir de pronombres personales llenos de ojos y de dientes y de tentáculos y estallar, plop.

No poder querer en infinitivo, no poder, no poder besar en infinitivo, no poder dejar para siempre en el rastro de saliva que mi lengua trazar en la punta del dedo chico de tu pie y la punta de tu nariz una vía láctea de infinitivos temblorosos, titilantes como temblorosas titilantes infinitivas estrellas. No, no poder hacer el amor en infinitivo: todo tener que empezar y terminar y por eso la desazón, la angustia, uno pensar de pronto en Heidegger Voyeur metido asesino de infinitivos con su ensangrentado fanático ser-en-el-mundo y qué tener que hacer vos o yo o nosotros en el mundo, qué carajo tener que hacer y qué tener que decidir o para qué hacer y/o decidir si nadie permitir la libertad infinitiva, si los infinitivos no durar, si enseguida morir en fauces en garras de indicativos esquemáticos, de imperativos dictatoriales, de deprecativos humillantes, de potenciales idiotamente esperanzados, de optativos ansiosos, de subjuntivos estériles o de principios macaneadores.

-¿En qué pensás Martín?

-¿Eh?

lunes, 12 de julio de 2010

Reflejos

Algo quedó atrapado, se escuchan gritos tapados. Son gemidos extraños, es casi imposible identificar su origen. Puede ser que provengan de un placer extremo o quizás de un dolor ahogante. Cualquier opción puede esperarse de aquellos poderosos quejidos. Es una explosión que se encuentra encerrada, entonces vibra por dentro y genera caos por fuera.

De pronto, aparece el silencio y el ambiente queda paralizado. Las paredes temblorosas, que expulsaban los gritos, callaron. Tanto silencio me hace pensar que había presenciado una muerte. Entonces descubro que aquellos gritos eran de agonía.

Luego algo empieza a ocurrir nuevamente, la sensación de muerte desaparece y aparece un fresco aroma de resurreción. Pero aquellos comiezan a surgir de nuevo: gemidos, gritos y balbuceos, que parecen codificar un mensaje pero es indescifrable. Por momentos se escuchan palabras pero no puedo descubrir si son reales o producto de una imaginación atormentada por el desgaste psíquico que provocan los gritos. Cada vez se escuchan más fuertes y potentes pero de rrepente un susto los paraliza por completo. Todo terminó cuando vi mi reflejo en una ventana y supe que los gritos provenían de mi boca.

martes, 29 de junio de 2010

Danza sensorial


El volumen es exagerado y está desbordado por completo. Una interferencia está afectando la percepción auditiva, es un ruido potente que lastima el oído. Son sonidos que retumban en todos lados: entran, golpean, empujan y se van. De esa manera quedan afectados los sentidos.


La vista queda distorsionada, solo se ven imágenes en cámara lenta. De pronto, se escucha una música repetitiva, acompañada por un eco desafiante. Luego un aroma indescriptible se asoma a la escena. Es un perfume atractivo y seductor que parece inofensivo, pero se desconoce su origen y quizá esté compuesto por veneno. Sin embrago, lo probamos pero no lo entendemos, no logramos descubrir su verdadero sabor. Lo sentimos, pero no logramos descubrir su verdadero sentir.


Ahí está, ahí veo el boomerang que recoge la suciedad del mundo y la transforma en aquellos sonidos intolerantes al oído humano. De pronto, el monstruo se posa frente a mí. Al instante los ojos se cierran de golpe. Luego, siento la necesidad de abrirlos para descubrir qué forma tiene y preguntarle de dónde viene y hacia dónde va. Pero me doy cuenta que no sé cómo tengo que hacer para hablar con aquella creación poderosa. Entonces decido no preguntarle por qué motivo nos inyecta esa dosis de anestesia para soportar y convivir con esos ruidos. Mejor me voy, su contaminación me deja sin aire.


Pero veo algo más y muy diferente. Se escucha una melodía distinta que en vez de retumbar te invita a descansar. Es una música que está guardada para aquellos que realmente quieren escucharla, nadie la impone. Entonces los sentidos se abren, se liberan y se sienten en su verdadero lugar para crear. Allí los ojos están bien abiertos para ver como aparecen otros cuerpos que también quieren bailar en esa misma danza.