martes, 29 de junio de 2010

Danza sensorial


El volumen es exagerado y está desbordado por completo. Una interferencia está afectando la percepción auditiva, es un ruido potente que lastima el oído. Son sonidos que retumban en todos lados: entran, golpean, empujan y se van. De esa manera quedan afectados los sentidos.


La vista queda distorsionada, solo se ven imágenes en cámara lenta. De pronto, se escucha una música repetitiva, acompañada por un eco desafiante. Luego un aroma indescriptible se asoma a la escena. Es un perfume atractivo y seductor que parece inofensivo, pero se desconoce su origen y quizá esté compuesto por veneno. Sin embrago, lo probamos pero no lo entendemos, no logramos descubrir su verdadero sabor. Lo sentimos, pero no logramos descubrir su verdadero sentir.


Ahí está, ahí veo el boomerang que recoge la suciedad del mundo y la transforma en aquellos sonidos intolerantes al oído humano. De pronto, el monstruo se posa frente a mí. Al instante los ojos se cierran de golpe. Luego, siento la necesidad de abrirlos para descubrir qué forma tiene y preguntarle de dónde viene y hacia dónde va. Pero me doy cuenta que no sé cómo tengo que hacer para hablar con aquella creación poderosa. Entonces decido no preguntarle por qué motivo nos inyecta esa dosis de anestesia para soportar y convivir con esos ruidos. Mejor me voy, su contaminación me deja sin aire.


Pero veo algo más y muy diferente. Se escucha una melodía distinta que en vez de retumbar te invita a descansar. Es una música que está guardada para aquellos que realmente quieren escucharla, nadie la impone. Entonces los sentidos se abren, se liberan y se sienten en su verdadero lugar para crear. Allí los ojos están bien abiertos para ver como aparecen otros cuerpos que también quieren bailar en esa misma danza.




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