Voy hasta el cajón de madera y lo abro. Revuelvo un poco hasta encontrar lo que busco. El mango rojo de la tijera se asoma. Me la llevo y cierro el cajón. Empiezo a caminar hacia el jardín y me siento en la parte donde está nublado. Agarro el tallo y lo corto. Me quedo con la flor y la guardo en un libro. Un libro que paso a ser viejo.

