La sinceridad nos busca constantemente, pero no siempre la dejamos pasar. Sin embargo, no es difícil llevar a cabo esta acción en la que desnudamos nuestra mente. No hay una técnica para ser sincero ni es un don que sólo algunos pueden tener. Es tan simple como compartir lo hay en nuestro mundo interior con el exterior.
Nada puede ser tan grave ni peligroso y si así lo fuera no queda más que aceptarlo. Las verdades, muchas veces, no suelen gustar pero es importante respetarlas y valorarlas. La transparencia siempre termina siendo agradecida porque una persona sincera es una persona segura de sí misma, que sabe jugarse la piel expulsando con convicción sus ideas, sus sentimientos y sus ideologías, arriesgándose a las consecuencias de éstas.
El escritor Roberto Arlt reflexionó: “Creo que hay una forma de vivir en relación con los semejantes y consigo mismo, que si no concede la felicidad, le proporciona al individuo que la practica una especie de poder mágico de dominio sobre sus semejantes: es la sinceridad. Ser sincero con todos, y más todavía consigo mismo, aunque se perjudique. Aunque se rompa el alma contra el obstáculo. Aunque se quede sólo, aislado y sangrando. Esta no es una fórmula para vivir feliz; creo que no pero sí lo es para tener fuerzas y examinar el contenido de la vida, cuyas apariencias nos marean y engañan de continuo”.
Abrir la mente y sacar afuera todo lo hay en ella produce una sensación que nos eriza la piel, es esa mezcla de miedo adrenalínico y liberación espiritual a la que llamamos emoción. No obstante, el escritor francés André Maurois manifestó: “Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa”.
Nada puede ser tan grave ni peligroso y si así lo fuera no queda más que aceptarlo. Las verdades, muchas veces, no suelen gustar pero es importante respetarlas y valorarlas. La transparencia siempre termina siendo agradecida porque una persona sincera es una persona segura de sí misma, que sabe jugarse la piel expulsando con convicción sus ideas, sus sentimientos y sus ideologías, arriesgándose a las consecuencias de éstas.
El escritor Roberto Arlt reflexionó: “Creo que hay una forma de vivir en relación con los semejantes y consigo mismo, que si no concede la felicidad, le proporciona al individuo que la practica una especie de poder mágico de dominio sobre sus semejantes: es la sinceridad. Ser sincero con todos, y más todavía consigo mismo, aunque se perjudique. Aunque se rompa el alma contra el obstáculo. Aunque se quede sólo, aislado y sangrando. Esta no es una fórmula para vivir feliz; creo que no pero sí lo es para tener fuerzas y examinar el contenido de la vida, cuyas apariencias nos marean y engañan de continuo”.
Abrir la mente y sacar afuera todo lo hay en ella produce una sensación que nos eriza la piel, es esa mezcla de miedo adrenalínico y liberación espiritual a la que llamamos emoción. No obstante, el escritor francés André Maurois manifestó: “Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, sino no decir nunca lo contrario de lo que se piensa”.
1 comentario:
Coincido con el segundo escritor, sincero pero NO verborragico
hay veces q a la gente no le importa q le digamos absolutamente todo lo q pensamos y tambien es importante saber aceptarlo
muy lindo gallito esto se pone bueno vamos quiero mas mas massss
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