Una vez me enseñaron una frase que decía: “Escuchen a su cuerpo”. Al principio no entendía cual era el verdadero significado de ese enunciado. En ese momento pensaba que el mundo de las ideas te domina y es imposible desistir de ellas. Con el paso del tiempo, empecé a agudizar mi percepción y descubrí aquella sensación de la que me habían hablado pero ya no la podía explicar porque sólo la podía entender cuando la sentía.
La mente en cierto momento nos traiciona, nos confunde y nos marea. Pero nuestra expresión corporal no miente, no le sale porque siempre es sincera aunque a veces no queramos aceptarla. Es tan espontánea que no tiene tiempo de ocultar su verdad. Y va rápido, pasa como un huracán y se lleva el mundo por delante. Sin embargo, otras veces va lento y empieza a disminuir y desinflarse. El cuerpo esta atento, en la escucha permanente y delicada. Entonces espera, no sabe bien a qué o a quién. Sólo espera a que pase algo y lo movilice, que sienta la presión en las extremidades y la sangre empiece a correr.

