Se encuentra más allá de la realidad, por encima de ella. Entonces aparecen imágenes irracionales y oníricas dentro de una mente liberada. La escritura se convierte en una expresión espontánea del inconsciente, en el manifiesto de una imaginación revolucionada
Una luz verde que empapa la mente y la deja fresca, libre de pensamientos grises. Alturas desafiantes que te invitan a la cima para descubrir más colores, para ver todo de otra manera. Porque alla arriba el aire se percibe diferente. Los pulmones se abren y el oxigeno se renueva. Desde acá se ve la libertad.
El cuerpo estaba sin oxigeno, no podía respirar más. Buscabamos un viaje que llene los pulmones de aire limpio. De a poco, el cuerpo se fue inflando con cada paso, cada camino, cada persona. Pero llegó un momento del viaje en donde descubrimos el verdadero fin de la búsqueda: la fuerza. Ese potente envión que refuerza las ruedas del cuerpo y las cuerdas del alma. Eso es lo que queremos encontrar.
Nos empezamos a llenar y a fortalecernos. En cada paso que damos buscamos más y más. La fuerza nos libera, nos alimenta, nos desafía. Empezamos a creer, a desear, a proyectar cada vez más. A seguir y no parar. Somos el motor que nos va a llevar bien lejos o bien cerca de las cosas.
Voy hasta el cajón de madera y lo abro. Revuelvo un poco hasta encontrar lo que busco. El mango rojo de la tijera se asoma. Me la llevo y cierro el cajón. Empiezo a caminar hacia el jardín y me siento en la parte donde está nublado. Agarro el tallo y lo corto. Me quedo con la flor y la guardo en un libro. Un libro que paso a ser viejo.
Ya me fui, no estoy más acá. Pero todavía me ven. Me miran y me saludan, yo miro y también saludo. Pero creo que no estoy. Acá y allá al mismo tiempo. Aunque más allá que acá. Sí, definitivamente estoy allá. A veces me olvido y me pongo invisible. De repente me acuerdo y me pinto un poco para hacer presencia. Pero es un color clarito, no puedo más oscuro. No me sale. Intento. Intento de nuevo. Concentración. Desconcentración. No sé. Lo que pasa es que no estoy ahora. En un rato vuelvo. Ya me fui...
Quiero caminar. Mucho y sin parar. Recorrer todo lo que pueda. No cansarme nunca de eso. No sé hacia dónde voy, sólo sé que está por ese lugar. Hay algo por ahí. Sí, creo que es allá. No se bien qué es, ni dónde estoy, igual lo sigo. Creo. Confío. No sé cómo es su tamaño ni su forma pero conozco su color. Y son miles de colores, que me muestran un gran universo. Quiero quedarme por ahí. Quiero pintarme más con eso. Armar una pileta con esa pintura y nadar hasta cansarme. No, eso no. No quiero cansarme. Quiero disfrutar. Siempre sentir. Siempre llenarme. ¿Qué es? No sé. Pero siento que está por allá.